El ir y venir de sencillas barcas donde faenan continuamente unos hombres que respiran amor al mar y donde las capturas son mas bien escasas, hacen de él un lugar asequible al visitante.
Allí nadie se siente extraño. Uno puede pasar horas viendo trabajar a sus gentes, sin prisas, sin agitación como en las grandes urbes, con la naturalidad de quien todavía no está maleado por la vida moderna. Nadie te mira con extrañeza. Es un bálsamo para la mente.
La lonja (que si dispone a temporadas de abundante pescado) , ubicada a lo largo del malecón posee una torre y un reloj que rompen la monotonía de sus naves destacando contra el cielo. Y junto al puente que está a la entrada de la ría, se encuentra la iglesia de San Nicolau de construcción moderna (1960) la cual ha sido últimamente reformada para rehabilitar todo aquello que había dañado su proximidad al mar y darle una nueva luminosidad, cosa magníficamente conseguida sin modificar su estructura inicial.





